Las decisiones que toman los gerentes financieros de las empresas se basan, principalmente, en tres enfoques: medir el desempeño de la compañía, determinar cuáles son las consecuencias financieras si la compañía mantiene su actual curso o lo modifica, y recomendar la manera como la empresa debe utilizar sus activos, tratando así de cumplir las expectativas financieras de los accionistas. Está implícita en su función, su competencia para desarrollar acciones tendientes a crear valor, mitigar el riesgo y procurar un desempeño rentable en el largo plazo.
En estas líneas, el desempeño del gerente financiero se enmarca en procesos racionales, análisis probabilístico, procesando información histórica, aspectos relevantes de los mercados y de la competencia, además de los diversos factores internos y externos que le permiten reunir una serie de supuestos y respuestas a las interrogantes que surgen como consecuencia del objetivo a alcanzar en cada caso, aunque se ha determinado, en la nueva línea de investigación conocida como finanzas conductuales, que el inversor promedio que se observa operando en los mercados está lleno de irracionalidades e inconsistencias. Hernández (2011).

En las estructuras operativas de las empresas, la función financiera tiene un rol preponderante para lograr que los objetivos empresariales se cumplan en los términos de eficiencia y competitividad.
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